Ansiedad en México: un costo que puede absorber hasta 30% de la nómina

La ansiedad no solo es un problema de salud pública: también impacta la productividad y puede representar hasta 30% de la nómina empresarial. Especialistas advierten sobre la urgencia de invertir en prevención y atención oportuna.

25 feb 2026
Costo de la ansiedad laboral

La ansiedad se ha convertido en uno de los principales desafíos de salud en México, con efectos que trascienden lo individual y alcanzan dimensiones económicas. Además de afectar la vida laboral, escolar y familiar de quienes la padecen, este trastorno genera un impacto directo en las finanzas públicas y en la operación de las empresas.

Datos recientes estiman que los costos asociados al ausentismo y la baja productividad pueden representar entre 20 y 30% de la nómina en algunas organizaciones, mientras que las pérdidas anuales vinculadas al estrés y la ansiedad ascienden a miles de millones de pesos.

El panorama resulta más complejo si se considera que el presupuesto destinado a salud mental equivale apenas a una fracción del gasto total en salud, lejos de los estándares internacionales recomendados. Al mismo tiempo, una proporción significativa de la población experimenta algún trastorno mental a lo largo de su vida y la mayoría no recibe atención especializada. Esta combinación —alta prevalencia y baja cobertura— incrementa la presión tanto en el sistema sanitario como en la economía nacional.

Frente a este escenario, especialistas subrayan la importancia de apostar por la prevención desde edades tempranas y de fortalecer la infraestructura comunitaria en salud mental. Programas escolares enfocados en regulación emocional, capacitación docente para detectar señales de alerta y centros de atención accesibles podrían reducir el impacto a largo plazo. Asimismo, plantean la necesidad de sistemas de seguimiento integral desde la infancia que permitan intervenir oportunamente. En un contexto donde la ansiedad ya tiene un costo medible para el país y las empresas, ampliar el acceso a servicios de calidad no es solo una cuestión de bienestar, sino también de sostenibilidad económica.